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Interior de El Tejaban con comensales disfrutando de platos tradicionalesGuide

El Sabor de los Más Altos Hornos: Un Retrato de El Tejaban y La Copa de Oro en Morelia

En el corazón de Morelia, donde el aroma de tortillas de maíz crujientes se mezcla con el murmullo de conversaciones, dos restaurantes definen el alma de la comida michoacana: El Tejaban y La Copa de Oro. Aquí, cada bocado cuenta una historia.

A las 1:30 p.m., el calor del sol cae sobre María Rodríguez del Toro de Lazarín 6-D. El Tejaban, con su puerta abierta desde las 9:30 a.m., huele a guajolote rostizado y caldo humeante. Aquí, el morisqueta ($45) es una reliquia: un pollo tierno envuelto en salsa verde, servido sobre arroz blanco y acompañado de tortillas recién hechas. 'Es como la abuela las hacía', dice una reseña. Otros mencionan la 'rico sabor' de los cimbales y la 'calidez' del ambiente. La dueña, con manos teñidas de harina, reparte consejos junto con los platos.

A dos cuadras, La Copa de Oro abre sus puertas a las 7:30 a.m. Es el refugio de los amantes de los molletes. A las 2:15 p.m., el mostrador brilla bajo la luz del día. Un cliente describe los 'molletes' como 'ricos y jugosos'. La Copa de Oro no ofrece platos caros, pero sus precios oscilan entre $1 y $100. Sus panes tostados, untados con chorizo o hongos, son el centro de una rutina diaria para locales. 'Es mi parada fija del almuerzo', escribe un resenhador. La salsa de la casa, picante y cremosa, se agota rápido.

En El Tejaban, el menú digital revela especialidades como el 'cimbale' ($30), un platillo de carne deshebrada con frijoles. La reseña más larga asegura que 'el ambiente es familiar y accesible'. Mientras tanto, La Copa de Oro mantiene su filosofía sencilla: platos rápidos, sabrosos y económicamente viables. 'Aquí, la comida no es un lujo', dice un crítico. 'Es una necesidad satisfactoria'.

Por la noche, cuando las luces de Morelia se encienden, El Tejaban sigue abierto hasta las 6 p.m. y La Copa de Oro hasta la 1 a.m. en fines de semana. Ambos son testigos mudos de generaciones que pasan por sus puertas, llevándose fragmentos de sabor que solo Morelia puede dar.

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