Palermo: donde Recife se sienta a comer como en Italia
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Palermo: donde Recife se sienta a comer como en Italia

Con más de 1600 reseñas y abierto los siete días de la semana hasta medianoche, Restaurante Palermo es el rincón italiano que el barrio Espinheiro reclama como propio.

Son las ocho de la noche de un jueves en la Rua da Hora. Por la puerta del número 70 sale ese olor inconfundible: masa fermentando, queso derretido, salsa de tomate reduciéndose a fuego lento. El aire acondicionado golpea al entrar, un alivio bienvenido después del calor pegajoso de Espinheiro. Restaurante Palermo está lleno, como casi siempre. Mesas ocupadas, conversaciones cruzadas, el sonido de cubiertos contra platos de cerámica. Nadie parece tener prisa por irse. Palermo no es un restaurante nuevo ni pretende serlo. Con 1635 evaluaciones y una calificación de 4.5, este lugar lleva años alimentando a Recife con su versión de la cocina italiana adaptada al paladar nordestino. El menú tiene lo que esperarías, pizza, pasta, pero el protagonista indiscutible es la parmegiana. El filé a parmegiana llega a la mesa en un plato que parece no tener fin: la carne empanada y dorada con una costra que cruje al primer corte, bañada en salsa de tomate casera que tiene ese punto dulce justo antes de lo ácido, cubierta con una capa gruesa de queso gratinado que se estira en hilos largos cuando levantás el tenedor. Al lado, arroz blanco y papas fritas que absorben la salsa. Es un plato sin sutilezas, sin pretensiones minimalistas. Es abundancia pura. Para quienes prefieren algo más ligero (o no), la frango a parmegiana ofrece la misma experiencia con pollo. Las pizzas compiten por atención, con masas que los habituales describen como consistentes, ni demasiado finas ni esponjosas en exceso. Pero seamos honestos: la gente no viene a Palermo por las pizzas. Viene por la parmegiana, repite por la parmegiana, recomienda el lugar por la parmegiana. Los martes tienen algo especial. Las promociones de ese día son parte del ritual semanal para muchos recifenses. El costo-beneficio es un tema recurrente entre quienes frecuentan el lugar, con precios que se mantienen accesibles para el volumen de comida que recibís en el plato. El estacionamiento propio resuelve uno de los problemas eternos de comer fuera en Recife, algo que no es un detalle menor cuando el plan incluye quedarse largo. Lo que distingue a Palermo no es la sofisticación. No vas a encontrar platos con espuma de nada ni reducciones artísticas sobre pizarra negra. Lo que encontrás es un restaurante que abre todos los días, de once de la mañana a medianoche, siete días a la semana. Esa consistencia dice más que cualquier premio gastronómico. Hay algo admirable en un lugar que no cierra nunca (bueno, casi nunca) y que mantiene un nivel que convence a más de mil seiscientas personas de dejar una opinión. De vuelta a la mesa del jueves. Un grupo de cuatro amigos pide la segunda ronda de bebidas. En la mesa de al lado, una pareja comparte un filé a parmegiana sin hablar mucho, concentrados en el plato. El aire acondicionado sigue empujando aire frío. Afuera, Espinheiro se mueve con su ritmo nocturno. Adentro, Palermo hace lo que lleva años haciendo: servir comida italiana con alma brasileña, sin complicarse, sin disculparse. La Rua da Hora tiene su nombre por algo, y a esta hora, el lugar correcto es este.

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