A las 11:30 de la mañana, la entrada de Calzada del Tecnológico huele a chile relleno y pan recién horneado. Un grupo de estudiantes universitarios ríe mientras señala las enchiladas suizas en el menú, y un vecino de la colonia revisa el mostrador de postres buscando churros. Este es MINUZ, un restaurante que ha convertido a Rinconada de Otay en un destino para quienes buscan comida casera sin complicaciones.
El secreto del lugar está en las enchiladas suizas (MX$95), cubiertas con una salsa de cilantro que no quema pero sí deja un sabor fresco en cada bocado. Viertes una cucharada de crema y dejas que se mezcle con el mole blanco, creando un contraste que recuerda a las cenas de fin de año. Los pechugas de pollo chileado (MX$120) vienen a la parrilla con un toque de ajo que no pasan desapercibido, y el arroz blanco tiene ese grumo perfecto que solo logran las abuelas.
A las 2:15 de la tarde, la cocina no para. Un cliente repite por tercera semana la combinación de sopa de fideos y tacos de carnitas, mientras el dueño revisa las plantas de cilantro en la esquina. "Siempre usamos lo fresco", dice, y en efecto, el limón en las aguas de jamaica no parece haber pasado una noche en lanevera. Los comentarios en Google mencionan repetidamente "sabor casero" y "atención amable", y aunque no hay un chef en la parrilla, la consistencia de los platos marca la diferencia.
Cuando el sol se pone a las 6:30, el local se vacía lentamente. Quedan dos mesas con familias despidiéndose con palmadas en la espalda y promesas de volver el fin de semana. La carta de precios sigue colgada en la entrada, y aunque cierran a las 5, el rastro de sabor a mole y pan dulce se queda en el aire. MINUZ no pretende ser sofisticado, pero en Tijuana, donde tantos restaurantes buscan parecerse a algo que no son, aquí simplemente cocinan como a todo mundo le gustaría que lo hicieran.






