Es jueves por la noche y el aire en Jardines del Pedregal huele a trufa y vino tinto. En la terraza de Lucca Pedregal, un grupo de jóvenes ríe mientras mira la ciudad a sus pies. La luz cálida de las velas ilumina una pizza de prosciutto cortada en trozos irregulares. Este lugar no solo sirve comida: es una experiencia para los sentidos.
Lucca Pedregal tiene un secreto escondido bajo tierra: una bodega de vinos que huele a madera antigua. Allí, los dueños guardan botellas de Toscana y Piamonte. El menú, disponible en su sitio web, incluye platos como el carpaccio de salmón con lima ($580) y los raviolis rellenos de queso ricotta ($620). Un cliente escribió: 'La pizza de prosciutto es una obra de arte. La masa crujiente con el queso derretido... perfecta.'
A 20 minutos al norte, en Polanco, 50 Friends atrae a ejecutivos y parejas con su especialidad: la pizza de chocolate. A las 8 p.m., el lugar vibra con música jazz mientras un camarero sirve una porción del postre más controversial de la ciudad. 'Es dulce pero con un toque amargo que sorprende', comentó un visitante. Su carta digital lista platos como los espaguetis al pesto ($550) y el risotto de setas ($680).
Lucca Pedregal cierra los domingos a las 6 p.m., pero durante la semana extiende la atención hasta la medianoche. Para quienes prefieren platos ligeros, la ensalada de rúcula con anchoas ($380) es una opción popular. Otro cliente destacó: 'El ambiente es tan acogedor que hace olvidar que estás en una de las zonas más caras de la ciudad.'
Mientras el sol se pone, un grupo de amigos en Lucca pide la última pizza de la noche. Los platos vacíos y las botellas de vino vacías quedan como testimonio de una tradición italiana que ha encontrado su lugar en CDMX.






