A las ocho de la noche, el sonido de la calle Monte Everest se mezcla con el chisporroteo de la plancha. Dentro, el aroma a carne asada invade el aire y la fila se extiende más allá de la puerta. Los clientes, desde ejecutivos de traje hasta estudiantes con mochilas, esperan su turno mientras el camarero reparte vasos de agua con limón.

La Once Mil nació como un proyecto familiar en 2015 y ha crecido hasta convertirse en la referencia de tacos de alta calidad en la zona. Su firma, el taco de rib eye, llega en una tortilla ligeramente tostada, cargada con jugosa carne de res Angus, un toque de cebolla morada encurtida y una gota de salsa de chile de árbol. Cada bocado combina la suavidad de la carne con el crujido de la tortilla y el picor equilibrado de la salsa; el sabor se queda en la boca mucho después de tragar.

Los comensales repiten la visita por la consistencia. “El rib eye siempre está en su punto, jugoso y con ese toque ahumado que me recuerda a la parrilla del domingo”, comenta una clienta en una reseña de 2023. Otro visitante escribe: “El ambiente es relajado, pero la atención es rápida; el taco de picanha me sorprendió con su textura tierna”. Un tercer reseñante destaca el servicio nocturno: “Llegué a las 11 pm y todavía me atendieron con la misma energía; el taco de tuna fish fue una sorpresa inesperada”. Estas voces reflejan la combinación de calidad y calidez que la taquería ha cultivado.
El interior combina una barra de madera pulida con luces colgantes que crean una atmósfera íntima. En la pared, una foto del fundador junto a un viejo camión de tacos recuerda los orígenes modestos del negocio. La música de fondo, una mezcla de cumbia y rock suave, acompaña la conversación sin opacar el sonido de la carne chisporroteando. Cada detalle, desde la servilleta con el logo hasta la forma en que el chef corta la carne, habla de una dedicación meticulosa.
Al cerrar, la calle se vuelve más silenciosa, pero el recuerdo del sabor persiste. Salir de La Once Mil a las 11 pm, con la barriga llena y el corazón contento, es como llevarse un pedazo de la ciudad bajo el brazo. La próxima vez que pases por Lomas de Chapultepec, busca la luz amarilla del local; el taco de rib eye te espera para recordarte por qué este rincón sigue siendo el favorito de tantos.






