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La Once Mil: tacos que sorprenden en Lomas de Chapultepec

Una tarde en Monte Everest 780 se vuelve una fiesta de sabores cuando los tacos de rib eye llegan a la mesa, y el bullicio del barrio se vuelve cómplice.

A las siete de la tarde, la fila frente a La Once Mil ya se estira por la acera de Monte Everest. El olor a carne asada se mezcla con el perfume de cilantro recién picado y el crujido de las tortillas recién hechas. Un grupo de jóvenes con mochilas de universidad charla mientras el taquero, con la gorra puesta, voltea los tacos de rib eye en la plancha. El sonido de la carne chisporroteando marca el ritmo del lugar.

Dentro, el interior es de paredes blancas y mesas de madera, pero lo que realmente llama la atención es el mostrador donde se exhiben los tacos de picanha y los de tuna fish, dos opciones que aparecen en los “review keywords” de los clientes. El plato estrella, el taco de rib eye, llega en una tortilla dorada, con tiras de carne jugosa, una cucharada de salsa de aguacate verde y una lluvia de cebolla morada encurtida. Cada bocado combina la textura suave de la carne con el toque ácido de la salsa, mientras el maíz cruje bajo los dientes.

Los visitantes habituales hablan de la consistencia: “Cada vez que vengo, el rib eye está a la perfección, ni muy crudo ni seco”, comenta un cliente que ha dejado más de mil reseñas. Otro comenta que la picanha “tiene el sabor ahumado que me recuerda a las parrilladas del norte”. En las reseñas aparecen palabras como “wagyu beef” y “angus”, lo que indica que la taquería no teme jugar con cortes premium. La atención es rápida; el taquero sirve en menos de cinco minutos, y el ambiente se llena de risas y el tintinear de vasos de cerveza artesanal.

Al cerrar la noche, el local se vuelve más íntimo. Las luces se atenúan y la música de cumbia ligera acompaña a los comensales que siguen disfrutando de los tacos de lechón y el postre de tres leches que, aunque no es un taco, aparece en los comentarios como “el mejor final”. La experiencia se siente como una conversación con amigos que comparten una mesa, donde cada taco cuenta una historia de sabor y de la zona de Lomas de Chapultepec.

Al salir, el aire fresco de la calle contrasta con el calor del interior, y el recuerdo del rib eye sigue presente, como una promesa de volver. La Once Mil no es solo una taquería; es un punto de encuentro donde la carne de calidad y la hospitalidad se encuentran, y donde cada visita deja una sensación de haber probado algo auténtico y bien hecho.

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