Es jueves por la noche en Xaneque Cocktail Room. La puerta de madera chirría al abrirse, y el aroma a mezcal recién destilado se mezcla con la música de vinilos antiguos. Un hombre de chaqueta deportiva sostiene un coctel con forma de pico de loro, mientras al fondo una barman exprime limones con movimientos precisos. Aquí, los tragos no son bebidas, son obras de arte.
A 15 minutos, en el corazón del centro histórico, La Caverna brilla con una luz cálida en su fachada de estilo colonial. Las 6:30 pm y el aire vibrante de risas se escapa de las mesas ocupadas. Dos mujeres discuten si el "alas con salsa de limón" (MX$120) merece un segundo plato: "Ya sabes, con este crujido y la salsa, no se puede resistir", dice una mientras señala una mesa donde un grupo celebra un cumpleaños con botanas. Aunque el menú incluye desde tacos hasta sopa michelena, siempre hay cola para las alas, que los locales llaman "la mejor receta de abuela".
En Xaneque, el "cocktail de frambuesa con pimienta" (MX$180) es una explosión de sabores. La frambuesa fresca se deshace en el paladar, mientras la pimienta roja de la Sierra le da una picante suave. Los comensales lo describen como "un beso entre lo dulce y lo picante". La carta, con 32 opciones, incluye desde clásicos hasta experimentos como el "gazpacho de coctel" (MX$150), servido en un vaso alto con hierbas aromáticas. Un cliente escribió: "La decoración es minimalista, pero cada detalle cuenta: hasta el hielo está esculpido".
Por su parte, La Caverna tiene un aire de bar familiar. Las mesas de madera tienen rastros de cervezas derramadas, y el volumen de la música pop se eleva apenas para cubrir las conversaciones. Aunque los comentarios en redes mencionan "precios justos" y "ambiente acogedor", es la sopa michelena (MX$60) la que vuelve a los comensales: "Viene con crostón de pan tostado y una pizca de queso Oaxaca que se derrite al contacto", explica un visitante habitual. El dueño, que según clientes "siempre está detrás del mostrador charlando", asegura que la receta es de su madre, quien cocinaba para los trabajadores de la catedral en los años 80.
Al cerrar, a las 11 pm, los mozos de Xaneque guardan los vasos tallados con figuras de mariposas, mientras en La Caverna una pareja deja las servilletas dobladas sobre la mesa. Los dos bares, separados por un puñado de cuadras y estilos, comparten algo más: el arte de hacer que cada visita se sienta como una primera vez.
