Volver a bars en Merida
Platillo de comida alemana servido en La Bierhaus, MéridaDestacado

Cerveza bávara y rock a medianoche: La Bierhaus y Monk en el Centro de Mérida

Dos bares a seis cuadras de distancia en el Centro de Mérida. De los schnitzel con cerveza artesanal de La Bierhaus a los cócteles con tributo de rock en Monk, esta ciudad tiene más noche de la que aparenta.

Son las siete de la noche un jueves y sobre la Calle 62, a media cuadra del Parque Santa Lucía, el olor a salchicha asada corta el aire húmedo de Mérida. La Bierhaus tiene todas las mesas ocupadas. Parejas y grupos de amigos que llegaron temprano para asegurar lugar. Detrás de la barra, las líneas de cerveza artesanal brillan bajo la luz amarilla. En los platos llegan cosas que no esperarías a cuarenta grados centígrados en Yucatán: currywurst, schnitzel, flammkuchen, apple strudel.

Este bar-restaurante sobre la C. 62 número 487 (entre 57 y 59) lleva años construyendo algo poco común: una comunidad cervecera con raíces bávaras en territorio maya. No es que la cerveza artesanal sea nueva en México, pero aquí el calor extremo convierte el primer trago de una pilsner fría en algo que roza lo sagrado. La segunda ronda ya es puro gusto. Abren los siete días de la semana, de 12 del mediodía a 11:30 de la noche, lo cual permite un plan largo: llegas a comer a las dos de la tarde y cuando oscurece ya estás hablando con los de la mesa de al lado sobre cuál cerveza importada pedir.

La carta se toma en serio lo alemán. El bratwurst llega jugoso, con mostaza de grano entero y un pan que cruje al primer mordisco sin desmoronarse. El schnitzel tiene ese empanizado dorado, finísimo, que suena al cortarlo con el tenedor. Sin grasa de más. Pero mi favorito es el flammkuchen: una base de masa tan delgada que casi se transparenta, cubierta de crema fresca, cebolla caramelizada, tocino y queso fundido. Parece una tarta alsaciana más que una pizza. Se come con las manos y con cuidado de no quemar el paladar. Con cada bocado te preguntas por qué no hay más de estos en México. A precios entre $100 y $200 pesos por platillo, cuesta encontrar mejor relación entre lo que pagas y lo que comes. La Bierhaus tiene 4.6 de calificación con más de 3,400 reseñas. No es casualidad.

Ahora bien. Si la noche se extiende más allá de las once (y en Mérida siempre se extiende), camina seis cuadras al norte. En la Calle 70, número 476, junto al Parque Santiago, Monk Sportsbar abre a las ocho de la noche y no cierra hasta las dos y media de la mañana, de miércoles a domingo. Aquí no huele a bratwurst sino a amplificador caliente. El ambiente es rock and roll: tributos en vivo y new metal, con el volumen puesto al nivel donde no tienes que gritar pero sí acercarte para hablar. Los cócteles son lo que más piden. Con una calificación de 4.7 (la más alta entre los bares del Centro) y 510 reseñas, Monk se ha ganado su lugar entre los noctámbulos de Mérida. Los precios se mantienen entre $100 y $200 pesos. Mientras el mezcal se apodera de las barras de medio país, aquí la carta de cócteles sigue su propio camino, sin modas, sin prisa.

Interior del Monk Sportsbar con ambiente de rock en el Centro de Mérida
Interior del Monk Sportsbar con ambiente de rock en el Centro de Mérida

Volver a La Bierhaus a media tarde del día siguiente tiene otro sabor. El sol entra por el frente, los meseros van sin prisa, alguien pide un strudel de manzana con café. Mérida tiene más de 500 bares repartidos por toda la ciudad, pero estos dos, a seis cuadras uno del otro en el Centro, cuentan la misma historia desde lados opuestos: una ciudad que absorbe influencias de todas partes y las transforma en algo que se siente propio. Baviera por la tarde. Rock a medianoche. Y al día siguiente, otra vez.

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