A las 8 de la mañana, la calle Juárez vibra con el chisporroteo de la parrilla de Tacos y Montados La Junta. Los clientes habituales, con sus bolsas de mercado y el sonido de la bicicleta, forman una fila que se estira bajo el letrero rojo. El aire se llena de humo de carne asada, cilantro recién picado y el picor de la salsa verde que se sirve en pequeños cuencos de barro. La escena parece una película de barrio, pero el protagonista es el taco que se dobla entre dos tortillas de maíz recién hechas.

El menú gira alrededor del taco de carne asada, que cuesta MX$45. La carne, marinada en jugo de naranja y achiote, llega a la mesa jugosa y con una ligera costra. Sobre ella, una capa de cebolla morada en escabeche aporta crujido, mientras la salsa verde, con tomatillo y chile serrano, le da un golpe de frescura. Cada bocado combina la suavidad del maíz, el sabor ahumado de la carne y el picor justo para abrir el apetito. Los clientes suelen acompañar el taco con una cerveza artesanal de la región, pero también con una soda de guayaba que equilibra el picante.

“Los tacos son una explosión de sabor, como si cada ingrediente cantara,” escribe Ana en su reseña de 2023. “El servicio es rápido y siempre con una sonrisa,” comenta Carlos, quien visita La Junta cada viernes. “La salsa verde es la mejor que he probado en la ciudad, le da vida al taco,” asegura Luis, quien calificó el lugar con cinco estrellas. Estas voces aparecen una y otra vez, resaltando la consistencia y el cariño que el personal pone en cada orden.
La historia de La Junta comenzó en 2010, cuando la familia González abrió el puesto con la idea de ofrecer tacos auténticos a precios accesibles. El local conserva una barra de madera donde el abuelo González todavía corta la carne a mano, mientras su nieta atiende la caja. Las paredes están decoradas con fotos en blanco y negro de la ciudad de Chihuahua en los años 70, lo que le da al espacio una sensación de nostalgia sin perder la energía del presente. La combinación de tradición familiar y atención al detalle explica por qué los vecinos vuelven día tras día.
Al caer la tarde, la fila se vuelve más corta pero el aroma sigue flotando. Los últimos clientes, algunos con el rostro cubierto de polvo del trabajo, se llevan el último taco de carne asada y una sonrisa. La Junta no es solo un puesto de comida; es un punto de encuentro donde el sabor marca el ritmo de la mañana y la comunidad se siente más cerca. Salir de allí con la mano todavía caliente del taco es llevarse un pedazo de Chihuahua en el bolsillo.





