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Café con Alma en Oaxaca: El Volador y Amá TerrazaGuía

Café con Alma en Oaxaca: El Volador y Amá Terraza

Dos cafés que definen el sabor y el ritmo de Oaxaca: uno anclado en la tradición del café de altura, otro en terrazas con vistas a la ciudad.

A las 8 de la mañana, el aire en la Plaza de la Cruz de Piedra huele a café tostado y pan recién horneado. En Café 'El Volador', una mujer de treinta y tantos años ajusta la taza de un cortado mientras el encargado, con barba de tres días, muele granos de Oaxaca que crujen como hojas secas. 'La mejor taza que he tomado en meses', escribe un viajero en su reseña. 'El chocolate amargo y la naranja en el postre no tienen competencia'.

El Volador no es solo un café: es un ritual. Sus granos, seleccionados de fincas locales, se tostan en批 en un horno de leña que ruge como un animal viejo. El menú cambia con los estacionales — hoy hay kombucha con jengibre y galletas de avena que crujen al morder. A las 11, los estudiantes de arte que toman el flat white (35 MX$) comparten mesa con turistas que hojean guías llenas de anotaciones. 'El café no es solo un producto, es una conversación', dice una reseña que resume la esencia del lugar.

A dos cuadras, en la cima de la calle Miguel Hidalgo, Amá Terraza guarda un secreto: una terraza que parece flotar sobre la ciudad. A las 3 de la tarde, el sol dora las chilpas de tomate recién rallado en los molletes (45 MX$), mientras una pareja discute el menú de vinos naturales. 'Los chilaquiles con mole negro son una epifanía', escribe un cliente. 'No es un café, es una experiencia de altura'.

La magia de Amá está en los detalles: la mantequilla derretida en el pan de muerto que se derrite como cera, las hierbas frescas en el agua de jamaica que dan un sabor ligeramente ácido. Sus horas de apertura son caprichosas — cierra a las 3 de la tarde los lunes, lo que hace que los clientes lleguen temprano o se vayan con la sensación de haber robado un momento. 'El mejor lugar para leer un libro bajo el sol', dice una reseña. 'La vista del zócalo desde aquí hace olvidar el tráfico abajo'.

Para cenar, Amá Terraza se transforma. Las velas titilan sobre platos de queso de oaxaca derretido en tostadas, mientras el dueño, que también es chef, ajusta la parrilla. El Volador, en cambio, se llena de músicos que tocan jarabes con una guitarra desafinada. En Oaxaca, el café no es solo un brebaje: es el pulso de la vida cotidiana, servido en tazas que cuestan entre 25 y 80 MX$ y en experiencias que valen mucho más.

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