Es viernes por la noche y el ruido de las cervezas al chocar con las risas de los comensales llenan el aire de Tibiri Tibara 7B. Una pareja celebra su aniversario con una pizza de queso fundido y chimichurri, mientras un grupo de amigos comparte calzones y tacos de hongos. El horno a leña humea constantemente, entregando pizzas que salen doradas y crujientes en 10 minutos. Aquí no hay menú estándar: la mozzarella se derrite sobre masa de 00, y el chef improvisa con ingredientes como champiñones salvajes o espinacas tiernas.
Guadalcazar 125-A es una dirección que los locales conocen bien. Abierta los fines de semana hasta la medianoche, esta pizzería ha convertido el concepto de "pizzas caseras" en una filosofía. La especialidad de la casa, la "7B", combina queso provolone, champiñones salteados y un toque de trufa negra (165 MX$), mientras que los vegetarianos juran por la "Veganita" con berenjena asada y albahaca fresca (145 MX$). Los jueces anónimos mencionan constantemente la "harmonía entre la crocanteza de la base y la untuosidad de los rellenos" y la "atención impecable del equipo".
Durante la semana, el horno se despierta solo los viernes a las 6 pm, preparándose para la avalancha de órdenes. El dueño, quien prefiere no dar su nombre, aprendió la técnica en Nápoles antes de adaptarla con ingredientes locales. "No es pizza italiana ni mejicana, es nuestra", dice mientras corta una rebanada de su "Clásica", con jitomate fresco, queso y orégano (120 MX$). La carta de cervezas artesanales, con 12 opciones rotativas, asegura que cada bocado tenga su contraparte perfecta.
El factor sorpresa es la "pizzoteca", un rincón con más de 50 tipos de queso donde los clientes pueden personalizar sus pizzas. Desde el queso de cabra local hasta el gorgonzola importado, las combinaciones llegan a ser audaces. Un cliente habitual confiesa: "He probado 23 variantes y siempre descubro algo nuevo". Para los que buscan algo más fuerte que la cerveza, el menú secreto incluye trufas en polvo y aceite de oliva arbequina que transforman cualquier plato. El ambiente industrial con detalles de hierro forjado y muros de ladrillo visto invita a quedarse horas, aunque los dueños advierten: "Vienen con hambre, porque se van con ganas de volver".






