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Jardín interior de El Apapacho con vegetación y mesas al aire libre en el Centro de MéridaDestacado

El Apapacho: mole oaxaqueño, libros y buganvilias en el Centro de Mérida

Un restaurante con jardín, librería y espíritu feminista donde el mole oaxaqueño es tan bueno que te hace olvidar los mosquitos.

Son las siete de la noche en la Calle 62. El calor de Mérida empieza a aflojar y por la puerta de El Apapacho se cuela un olor denso a chile ancho tostado con chocolate. Adentro, bajo un techo de buganvilias, cuatro mesas ocupadas por gente que no tiene prisa. Una pareja comparte un plato de mole oaxaqueño. En la esquina, una mujer lee sola con una copa enfrente. Esto no es un restaurante común.

El Apapacho ocupa una casona en el Centro de Mérida, sobre la Calle 62 entre la 41 y la 43. Tiene jardín. Tiene librería. Tiene mosquitos. Tiene personalidad de sobra. La palabra "apapacho" viene del náhuatl y significa abrazar con el alma. Suena cursi hasta que te sientas ahí, rodeado de plantas, con un plato de conejo en salsa frente a ti, y entiendes que el nombre es preciso.

Lo primero que mencionan quienes vienen seguido es el jardín. La vegetación crece densa, las buganvilias se trepan por las paredes sin pedir permiso, y sí, hay que ponerse repelente porque los mosquitos también cenan aquí. Pero ese es el trato: comes al aire libre en una ciudad tropical, con todo lo que eso implica. El espacio tiene una energía que los visitantes frecuentes describen como bohemia y feminista. Hay estantes con libros por todas partes, puestos ahí para que leas mientras esperas tu plato, no de adorno.

El mole oaxaqueño es el plato por el que la gente regresa. Llega en un plato hondo, oscuro como tinta, con un brillo aceitoso que delata las horas de cocción. La primera cucharada te golpea con el amargo del chocolate. Después el chile pasilla levanta un picor suave que se queda en la lengua. Luego aparece el fondo de especias, canela y comino sobre todo, con algo más que no identificas del todo pero que te hace cerrar los ojos. Es un mole que pide pan para limpiar el plato. A precio medio (entre MX$100 y MX$200 por platillo), es accesible para lo que ofrece. La carne de conejo es otro punto fuerte: suave, sin la agresividad de la res, preparada con la misma paciencia que el resto del menú.

Platillo de mole oaxaqueño servido en El Apapacho
Platillo de mole oaxaqueño servido en El Apapacho

El Apapacho abre de lunes a viernes de 1 a 10 de la noche, pero sábados y domingos arranca a las 8 de la mañana. Ir temprano el fin de semana es otra cosa: el jardín todavía fresco antes de que el sol meridano lo convierta en horno, el ritmo más lento, la luz filtrada entre las hojas. Para la tarde, la carta no intenta cubrir todos los frentes ni complacer a todos. Es un lugar que sabe lo que es y no se disculpa por ello.

Con más de dos mil reseñas y un rating de 4.6, El Apapacho lleva tiempo consolidado en la escena del Centro. No es nuevo ni secreto. Pero entiende algo que pocos restaurantes logran: que comer bien va más allá del plato. Es el espacio y la compañía, o la soledad elegida con un libro en la mano. En una ciudad donde la cocina yucateca domina la conversación, este lugar mira hacia Oaxaca sin disculparse y se gana su propio sitio en la Calle 62.

A las diez, cuando los últimos comensales pagan la cuenta y las buganvilias desaparecen en la oscuridad del patio, el olor a mole todavía flota sobre la acera. Guardas el repelente en la bolsa. Sabes que vas a volver.

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El Apapacho

star4.6

Sitio artístico con ambiente familiar, comida mexicana casera, exhibiciones de arte y una librería feminista.

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