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Exterior de La Iguana Mariscos con letrero de iguana verde, mesas al aire libre bajo la luz del atardecerDestacado

La Iguana Mariscos: sabor del mar en Chihuahua

Una tarde de tacos y camarones en La Iguana Mariscos revela por qué este rincón de la carretera es el favorito de los locales.

A las siete de la tarde, el sonido de los motores de los camiones se mezcla con el chisporroteo de las brasas en La Iguana Mariscos. El aire huele a sal marina y a ajo asado, mientras una familia de tres generaciones se acomoda en una mesa de madera bajo la sombra de una sombrilla azul. El camarero, con una sonrisa franca, ya lleva una jarra de agua de horchata y pregunta si quieren probar el aguachile de la casa.

El menú gira en torno a los mariscos frescos que llegan cada mañana del puerto de Veracruz. El plato estrella, el camarón al ajillo, llega en una bandeja de cobre, cubierto de mantequilla dorada, ajo picado y un toque de chile de árbol. Cada bocado es crujiente por fuera y jugoso por dentro, el ajo se siente como una caricia aromática y el picante se asienta justo en la lengua, sin ahogar. El precio de MX$150 lo hace accesible para una cena casual, y los clientes lo repiten una y otra vez. "Los camarones al ajillo son los mejores que he probado en todo Chihuahua", comenta Ana en una reseña de 2023, mientras otra comenta, "El aguachile tiene el picante justo y el pescado frito es una delicia crujiente". Un tercer cliente escribe, "El ambiente familiar y el servicio rápido hacen que vuelva cada fin de semana".

La historia del lugar se remonta a 2005, cuando los hermanos García compraron una vieja caseta en la carretera a Aldama y la transformaron en un punto de encuentro para los viajeros. Con el tiempo, la calidad de los productos y la consistencia del sabor les valieron una puntuación de 84.4 en el score interno. Las reseñas resaltan la rapidez del servicio, la frescura del pescado y la amabilidad del personal. Los viernes, la terraza se llena de jóvenes que piden una ronda de tacos de pescado y una cerveza bien fría, mientras los adultos prefieren el molcajete de camarones, servido con tortillas recién hechas.

Al cerrar la puerta a las nueve, el olor a carbón todavía persiste y el eco de las risas se mezcla con el canto de los grillos. Al mirar la fachada iluminada, recuerdo la primera vez que entré: el letrero de La Iguana, una iguana verde dibujada en colores vivos, me recibió como un faro en medio del desierto. Ahora sé que ese faro guía a los amantes del mar que buscan una experiencia auténtica sin salir de la sierra.

Si buscas una escapada gastronómica sin alejarte de la ciudad, La Iguana Mariscos ofrece más que comida; ofrece recuerdos que se forman alrededor de una mesa, bajo el cielo de Chihuahua, con el sonido de las olas imaginarias y el sabor del océano en cada plato.

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