A las siete de la tarde, el bullicio del Centro se desvanece mientras me acerco a Romula. El letrero de neón verde se refleja en la acera mojada y, al abrir la puerta, una ola de vapor y ajo me recibe. En la barra, un par de locales discuten animadamente sobre la última partida de fútbol mientras el camarero, con una sonrisa, coloca una tabla de antipasti frente a mí. El olor a albahaca fresca y a pan horneado al instante me recuerda a los mercados de Milán.

El interior combina madera oscura con mesas de mármol; la luz cálida de los focos crea sombras que bailan sobre los platos. En la carta, el plato estrella es la “Tagliata di Manzo”, una lámina de carne de res a la parrilla servida con rúcula y virutas de parmesano, precio $180. Un cliente escribe en su reseña: “La carne está perfecta, jugosa y con el punto justo, la rúcula le da el toque fresco que necesitaba”. Otro comenta: “El servicio es rápido y amable, me sentí como en casa”. Un tercer crítico destaca: “El ambiente íntimo y la música suave hacen que la cena sea una experiencia memorable”.

Romula no solo destaca por su plato principal; la pizza de masa madre, horneada en horno de leña, llega crujiente y con el queso fundiéndose en el borde. Los precios oscilan entre $100 y $200, lo que la sitúa en la gama media‑alta, pero la calidad justifica cada peso. Los visitantes habituales vuelven por la consistencia: “Siempre encuentro la misma atención al detalle, desde la presentación hasta el equilibrio de sabores”, dice una reseña frecuente. El chef, formado en Florencia, incorpora ingredientes locales como el chile de árbol en su ragú, creando una fusión sutil que sorprende sin romper la tradición.
Al cerrar la noche, el reloj marca las diez y la mesa está casi vacía, salvo por una pareja que comparte un tiramisú de cacao amargo. El sonido de las copas brinda un cierre melódico al día. Salgo de Romula con la sensación de haber viajado a Italia sin abandonar Guadalajara; el recuerdo del aroma a tomate y albahaca persiste mientras el frío nocturno me envuelve. Este pequeño refugio italiano sigue ganando corazones, y cada visita revela un nuevo matiz de su propuesta culinaria, convirtiéndose en un punto de referencia para los amantes de la buena comida.






