Es viernes por la tarde en Calle 69. El aire huele a cerveza fría y barbacoa recién asada. En el patio de Bar La Ruina, un grupo de jóvenes ríe a carcajadas mientras un cómico improvisado improvisa chistes sobre los políticos locales. Las mesas de madera están ocupadas por platillos de guisado de pavo y botanas de chorizo, y el murmullo de la conversación se mezcla con la música de fondo.
Fundado hace más de una década, Bar La Ruina empezó como un proyecto familiar para compartir recetas de abuela con un toque moderno. La clientela es variada: jóvenes emprendedores, parejas en busca de una cena relajada y turistas que quieren probar el auténtico sabor yucateco. Un cliente frecuente, Luis, comenta: *'Es mi segundo hogar. La comida es casera y el ambiente es al que vienen mis amigos de otros estados.'"
El platillo estrella es el guisado de pavo, un plato ancestral de pollo rebozado en harina de maíz y adobo con hierbas. Cuesta $150 MXN y llega a la mesa con una salsa de tomatillo picante y una guarnición de arroz rojo. Un cliente describió el sabor como 'una explosión de tradición en cada bocado'. Otro, destacó la 'armonía entre la crocancia del rebozo y la jugosidad del pollo'. El menú también incluye tacos de cochinita pibil y un postre de pan de elote que se ha convertido en un favorito de los visitantes.
A pesar de su nombre, el lugar no es un ruina. Al contrario, su fachada de ladrillo rojo y su iluminación cálida lo convierten en uno de los favoritos para cenas de fin de semana. Un turista canadiense apuntó: *'Es como si estuvieras en una casa de campo, pero con cerveza importada y música en vivo'. El bar tiene una selección de cervezas artesanales, desde las locales del Yucatán hasta las alemanas que se embotellan en Baviera.
Cuando el sol se pone sobre Mérida y las calles se llenan de luces, Bar La Ruina sigue animado. Los cómicos interrumpen la cena con bromas sobre el clima y las redes sociales, y los meseros se mueven ágilmente entre las mesas. Es un lugar donde el tiempo se detiene: donde la comida, la risa y la hospitalidad yucateca se mezclan en una experiencia que no se olvida.





